Martes, 27 Octubre 2020

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Cartas al Renacimiento de la Palabra

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“Cartas al Renacimiento de la Palabra”. Corona del Sur, 2010 ISBN 978-84-15036-77-7.

Decía don Eugenio d’Ors que cuando se escriben muchas palabras resulta  poco menos que inevitable que se forje un espíritu, una personalidad, una manera especial  de entender la vida y de sentir la realidad. “Escribe, si puedes”, alentaba el autor de La Bien Plantada, “cosas que sean tan imposibles como un sueño, tan absurdas como la luna de miel de un saltamontes y tan verdaderas como el sencillo corazón de un niño”.

 

No hay ideas que orienten ni den trascendencia a nuestra vida sin  palabras que expliquen el sentido último de las cosas sencillas. Y es desde ahí, desde ese riguroso concepto de la escritura  de donde parte la escritora y poeta castellano-manchega, Manolita Espinosa, para elaborar su reciente libro Cartas al renacimiento de la palabra, editado por Corona del Sur, en Málaga, dentro de su colección Almud Literario.

La autora es una mujer culta, poeta, narradora, ensayista y directora del Archivo Histórico-Municipal  de Almagro durante veintiséis años,  ciudad donde ella nació y de la que fue nombrada Hija Predilecta. Por lo que respecta a este nuevo trabajo que ahora llega a mis manos, debo decir que posiblemente haya superado todos sus libros anteriormente, tanto en  lo que se refiere a su estructura literaria como a la profundización en los  temas abordados. Ya nos dice en la Presentación que, respondiendo al título de la obra, convoca a la PALABRA, así, con mayúsculas, “porque el lenguaje tiene una riqueza de excepción desde el principio del mundo”. Manolita Espinosa entiende que en la palabra  se refleja la memoria de la humanidad desde el principio de los tiempos y desde el lenguaje hemos podido acceder a nuestra propia evolución.

El contenido del libro está expresado en forma de epistolario, un género ya apenas vigente desde hace años. Las prisas, la falta de tiempo que a todos nos afecta y las nuevas tecnologías de la comunicación han hecho que las antiguas cartas hayan ido desapareciendo. Incluso como género literario, en el que se gestaron libros inolvidables como el Werther, de Goethe, verdadera joya del prerromanticismo alemán. Incluso la autora, recordando cómo las cartas viajaban casi siempre en los trenes dedica una de ellas al tren del recuerdo, al primer tres que llegó a Almagro: “Estuve allí, en tus pasillos de aduanas abiertas; en tus asientos de tertulia templada y sueños vagabundos. Estuve, y ví correr los árboles (a dónde iban?); los postes, que tejían las manos de los pueblos. Y ví casitas blancas perdidas en el verde, abiertas a la vida de hombres que soñaban”.

Cartas al Renacimiento de la palabra, cartas que la autora dirige desde su propia soledad y la más alta devoción poética a determinados lugares de una realidad transustanciada por  su imaginación, como “si el Renacimiento fuera un vuelo de pájaros en simetría, con fondo de cielo azul; un canto amanecido en los colores de  las estaciones  del año; un eco de palabras de todos los tiempos y de toda la Humanidad; una conjunción universal de manos, con vegetación del Océano de la vida”.  Se trata, pues, de una búsqueda ilusionada de la luz, de la alta tensión del pensamiento, del proceso literario de la experiencia. En definitiva, de un libro que nos orienta  hacia los espacios del lenguaje y de los sentimientos.

Situada, imaginariamente, ante el Pensador, de Rodin, Manolita Espinosa le dirige estas hermosas palabras: “Estas sentado en el capitel del mundo, buscando la verdad en la aurora de tus manos. Y la noria del pensamiento aparece con el agua de sus preguntas. ¿Y las respuestas? Tu rostro siente. Y en su sabiduría, se abre al dolor”.